Tanti auguri !! (Roma II)

Una semana más nos encontramos de nuevo aquí, en la Buhardilla encendida, compartiendo con vosotros experiencias, viajes, películas… y como no, que no falte el buen humor.

Caminar por las calles de la capital de Italia es como hacerlo por los pasillos de un gran museo, donde a cada paso nos topamos con restos de la época romana, iglesias monumentales o monumentos civiles como el de la Piazza di Roma.

Monumento a Víctor Manuel- Piazza di Roma

Mientras paseas por su Foro, o por el Palatino, no es difícil imaginar cómo debía ser la vida en aquella Roma imperial.

En un lugar increíble como éste, vas siendo consciente, conforme descubres cada rincón de esta ciudad, de la importancia que  la cultura romana tuvo en el mundo conocido de aquella época.

Foro romano

Pasamos unos días magníficos recorriendo sus calles y plazas, y como no, visitando sus museos y monumentos.

En los viajes siempre se producen situaciones curiosas y a menudo divertidas. La que os cuento a continuación nos sucedió en Roma, pero podía haberse dado un caso parecido en cualquier otra capital tan turística como es ésta.

Bocca de la Verita

Imaginaos a las tres de la tarde, después de haber recorrido todos los Museos Vaticanos, con el estómago vacío, buscando un restaurante donde saciar tu hambre.

Nuestros anfitriones romanos de AirBnB nos habían alertado sobre el peligro de comer en cualquier local que no tuviera un menú cerrado, por lo que cuando aquel hombre carta en mano nos lo mostró y su precio nos pareció razonable, no dimos demasiada importancia al hecho de que llevara anudado al cuello un mantel, al estilo Superman.

<<… Tendrá frío el hombre >>dijimos.

Una vez sentados, comenzó el teatro. Mientras los camareros nos servían, el del mantel, que según fuimos entendiendo, era el dueño, se arrancó a cantar una especie de Tarantella por todas las mesas. Yo decía muy contento :<<… véis que bien, por el mismo precio este hombre nos canta y todo… >>

Museos Vaticanos

Acto seguido y sin deshacerse en ningún momento de su capa, saco del frigorífico una botella de champán y haciendo saltar por los aires el tapón felicitó a voz en cuello las Pascuas a todos los clientes <<Tanti auguri!! Buona Pascua per tutti!! >> y nos fue sirviendo un poco para que pudiéramos brindar. Incluso les cantamos “Cumpleaños Feliz “ a una pareja de alemanes que había por allí.

Los cuatro nos mirábamos contentos y bastante sorprendidos por el ambiente que se había generado en el local, que por momentos se iba pareciendo cada vez más a una película de Fellini.

Justo a nuestro lado había una familia que, casualidades de la vida, eran también de un pueblo cercano a Valencia.  Ellos, como nosotros, estaban disfrutando del espectáculo tan divertidos. Pero, se les heló la sonrisa cuando la hermana del “Superman “, que era la que manejaba las cuentas, en un papel a boli, les entregó, por medio de un camarero, la notita pertinente.

La suma superaba con mucho lo esperado, y para que entrara más suavemente, les obsequiaron con un platito de mandarinas. El padre, sin perder la compostura decía:<<… Si nos hubieran traído al menos un licorcito, pero mandarinas, a nosotros, que somos de Valencia… >>.

“Cuando las barbas de tu vecino…” Eso pensamos nosotros, temerosos ya de que nos incluyeran en el menú el champán y hasta la Tarantella.

Entonces nos percatamos de que los camareros que recogían la mesa de los valencianos, que se habían marchado con el rabo entre las piernas, se reían bien a gusto, pues habían caído como chinos (con perdón de los chinos).

Siempre he admirado la capacidad de mi mujer de reclamar en todo momento y lugar, incluso sin conocer el idioma. La he visto encararse con quien fuera y conseguir su objetivo. En esta ocasión estuvo a la altura.

Al ver como se habían portado con nuestros vecinos, la miré, y parecía una tetera a punto de estallar. Yo pensé <<… Dios mío, aquí se va a liar la gorda>>

La dueña, que vió nuestras caras, pasó al plan B, y esta vez sí sacó los licorcitos, pero ni por esas…

La lasagna se me estaba indigestando y además, caí en la cuenta de que me había olvidado el Almax en casa.

En cuanto la buena señora trató de clavarnos la banderilla en todo lo alto, mi mujer se revolvió y arremetió con todas sus fuerzas, como un buen toro de lidia.

Aquella, viendo el peligro de cerca, se refugió contra las tablas, y reconociendo que nada podía hacer, se achantó y sacando rápidamente un billete del bolsillo, comenzó a echar las culpas a su hermano <<... il mio fratello é enamorato… >>, vamos, que se había despistao. Y pidiéndonos disculpas, nos abrieron hasta la puerta, para que ahuecáramos rapidito, no fuera que le estropeáramos el negocio.

Nosotros nos fuimos muy contentos. Al final nos salió incluso mejor que lo que habíamos calculado, y al menos nos resarcimos un poco por nuestros paisanos.

Moraleja: A veces merece la pena reclamar.

San Pablo – Extramuros

Finalizamos esta segunda entrega con un fragmento muy divertido de la película Amarcord, del genial Fellini.

Nos tomamos un descanso por vacaciones. Nos vemos a la vuelta.

Hasta entonces: ¡Felices vacaciones de Semana Santa y Pascua!

Saludos desde la buhardilla.

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