Ecos de la infancia

Hoy voy a empezar hablando de una novela que me han recomendado en el Club de lectura. Aunque no he podido asistir a sus últimas sesiones, lo sigo atentamente en las redes sociales, y agradezco la propuesta.

UNA TEMPORADA PARA SILBAR.  IVAN DOIG

Imagen :Casadellibro

La historia en sí, es una evocación al tiempo de la infancia. Paul, es un superintendente de Instrucción Pública que,  por motivos de trabajo, visita su primera escuela y recuerda un momento determinante de su vida, cuando tenía 13 años.

La acción se sitúa en Montana, a principios del siglo XX describiendo el modo de vida de aquellos colonos, la importancia de la escuela rural,  y cómo cambia la vida de la familia de un viudo con tres hijos a la llegada de dos nuevos personajes, uno de los cuales será el nuevo maestro.

Ha sido una grata lectura, y me ha permitido descubrir un nuevo autor, Ivan Doig (1939), considerado uno de los mejores cronistas del Oeste americano.

Me ha recordado a una preciosa novela: “El camino” de Miguel Delibes, que me impactó por su ternura.  Para mi es un libro imprescindible.

En cierta manera también podría recordar, aunque  van dirigidos a un público intantil de 9 a 12 años,  a “La guerra de los botones” de Louis Pergaud o “El pequeño Nicolás” de Rene Goscinny, que leí hace mucho tiempo .

Imagen: Casadellibro
Imagen: Casadellibro

Cómo no, desde luego, a ese momento de la vida en el que vas dejando atrás la infancia y estrenas la adolescencia.

Desde el club de lectura se nos invita a escribir sobre aquello que nos sugiera ese mundo que nos describe el autor. No he podido evitar ponerme un poco sentimental, no sé si por la primavera. Soy consciente que con el paso de los años tenemos tendencia a quedarnos con lo bueno y minimizar lo negativo.

En mi caso, para escribir me sobran ganas y me falta tiempo, pero éste, en especial, es un tema que me llega, y además, me pilla justo en Fallas. Uno de esos momentos, igual que en las Fiestas Patronales, en los que salimos más a la calle y nos encontramos con amigos y conocidos.

Entre ellos, compañeros de clase que viven fuera, aquellos a los que es más difícil encontrar, otros con los que coincidimos con más frecuencia y en especial con mis “amigas del alma “.

Fuimos juntas  a clase desde los 2 años. Compartimos aula hasta 8º EGB, por lo que nuestra amistad ha ido forjándose desde entonces, y han sido muchas experiencias vividas alrededor de nuestro colegio.

En mi caso volví como profesora y aquí, en la escuela en la que tan buenos momentos y recuerdos conservo de mi infancia, me cruzo ahora con algunos de los hijos e hijas de mis antiguos compañeros, en el aula o en el patio, y no puedo evitar algún recuerdo.

Casi 30 años después de mis 13 años, recuerdo de forma especial aquel último curso con compañeros con los que llevábamos toda una vida.

Echando un vistazo a nuestra orla de 8ºEGB, recuerdo las risas del día que nos hicieron las fotos, precisamente en una de las aulas en las que ahora imparto clase. Esas caras adolescentes que despiertan ahora nuestra sonrisa.

Recuerdo la alegría cuando probamos, en la antigua fuente,  el barco de vapor que habíamos realizado en clase, cuando intentábamos volar cometas o el  tradicional circuito eléctrico que montábamos con mucha ilusión. Tardes de meriendas y trabajo en grupo.

Aquella palmera, punto de encuentro en los últimos cursos, que ha sido reemplazada por otra variedad,  después de que el picudo rojo acabara con la nuestra; el suelo sin asfaltar donde se jugaba a las canicas; la peonza, el  pisotón (goma elástica)…

No puedo evitar sentir cierta nostalgia del compañerismo que respirábamos. De esa amistad en la que nos enfadábamos y desenfadábamos casi  al instante, sin intereses, ni oportunismos …

Aprendíamos en aulas con tarima y pupitre aquellas asignaturas de EGB. ¡Cuántas anécdotas podríamos contar!. La vida en esos años era una proyección de la escuela.

Entonces, sin exagerar, veía a los profesores  como una especie de “semidioses”, quienes nos enseñaban y se preocupaban por nosotros,  siendo para mí un ejemplo para desempeñar mi trabajo en el futuro.

En este mismo lugar,  transcurre ahora mi etapa como profesora de Ciclos Formativos, de la que también voy guardando gratos recuerdos . Me apasiona el trabajo en el aula.

Saludos desde la buhardilla. Terminamos con música.

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